jueves, 10 de septiembre de 2020

 Te dije adiós y el cielo llovió.

¿Será de tristeza o será de felicidad?

Me despedí para siempre de vos y la lluvia cayó.

Es la despedida que merece nuestro amor. 

sábado, 5 de septiembre de 2020

El dolor significa que estoy viva

Duele, y esta bien que duela, porque significa que estoy viva. 

Si no doliera, si no pudiera sentir dolor significa que ese amor me mató,

y no puedo perder mi vida cuando ya perdí mi corazón. 


CasuaCausalidad

El amor tiene forma de destino y el destino implica causalidad y casualidad.

El decidir salir de casa aquel día lluvioso o el decidir si ir a determinado sitio en especial, constituyen la causa del destino y la magia del encuentro, tornando color casualidad. 

Casualidad que tu estabas frente a mi, casualidad que tus ojos me invitaron a mirarte de otra manera, casualidad que la profundidad de tu alma se manifestó ante mi aquella tarde calurosa, casualidad que estabas brillando intensamente solo para mi. 

Vi el resplandor de tu vida, que encandilaba todo el lugar. 

El color de la magia lo vi, el destino y nuestros caminos caprichosos entrecruzados como debía ser. 

Quizás tuvimos que separarnos para encontrarnos. 

Quizás mi mente duda por lo externo y por tu ambición porque yo vi tu luz. 

Le temo a tu futuro y no me veo sosteniendome en él. No te veo sosteniendome en él. 

Quizás no es amor pero si no lo fuera, ¿por qué cada parte de mi quiere ir con vos?

¿Serás causalidad o serás casualidad? 

La causalidad fue concurrir aquel día los dos al mismo lugar, casualidad fue que tu presencia invada mi cuerpo una vez más. 

La decisión

 A medida que uno crece debe tomar decisiones, decisiones que nos llevan a enfrentar distintas situaciones. Un día llegó el momento de tomar esa decisión.

¿Debo entregarme al amor sin que me importe la condición social, el futuro económico y la opinión de los demás? ¿O debo ser sensata y no hacerle caso a mi corazón? 

El problema es que a veces no es el corazón, es el impulso y el deseo de sentirse bien con esa persona, y también es el miedo a no ser feliz. Es el miedo a equivocarse una vez más. 

Siempre he creído que el destino baraja las cartas y uno intenta jugar su mejor mano pero a veces lo que dice la cabeza no es congruente con lo que dice la intuición. 

¿Abrirme a sentir su amor o vivir mi vida preguntándome que hubiera pasado si hubiera apostado mi vida por su amor?  

En otro momento me hubiera abierto a sentir, por más que eso duela, pero hoy lo dudo porque crecí. 

Si dudo significa que he cambiado y si he cambiado significa que mi corazón ya no corre desesperadamente hacia él porque piensa y el corazón no debe pensar.

Si mi corazón no corre hacia él, la decisión es clara y sencilla. Si la decisión es fácil, ¿por qué no quiero tomarla? ¿Por qué me sigo enredando en este juego? 

¿Acaso lo quiero? Si el amor no es un juego. 

¿Realmente me gusta él o me gusta cómo me hace sentir? ¿O me gusta la sensación y la adrenalina de saber que estoy viva? 

domingo, 2 de agosto de 2020

Duele poco, es barato. Duele mucho, cuesta caro.

A veces aprender una lección duele poco y cuesta barato.
A veces duele mucho y cuesta caro.
Cuesta un amor, cuesta una amistad, cuesta un familiar, cuesta un sueño. 
Siempre fui una fiel creyente de que cada situación que acontece o cada persona que se cruza en nuestra vida viene a enseñarnos algo.
¿Qué nos viene a enseñar? Ese es el interrogante que debemos resolver durante el dolor.
Una vez que la mente se aclara y el dolor va desvaneciendo la respuesta a qué me enseña llega sola. Llega sola como llego esa persona o esa situación a nuestra vida.
No hay que forzar al corazón ni a la mente a que se apuren a descubrir el enigma, recordarlo y seguir adelante. Hay que dejar sanar. 
Quizás es un poco tarde y quizás es una falta de respeto de mi parte tomarme el atrevimiento de decir que he sanado cuando rompí cada uno de los platos que encontraba en el camino.
Quizás me podría llegar a reír de que hace un tiempo creaba tormentas en el mar mientras lastimaba a las personas. 
Pero aprendí y no me arrepiento.
Lloré lo que tenía que llorar, me levanté del suelo y seguí porque en la vida todo sigue.
Pese a que a veces puede doler poco o doler mucho y que pueden quedar pocas o muchas cicatrices se siente bien crecer. 
¿Qué si me arrepiento? No.
¿Por qué no? Porque en ese momento yo era así. No sabía y por eso tuve que aprender.
¿Alguna vez tengo que arrepentirme? Si, cuando en el futuro vuelva a suceder la misma situación y yo vuelva actuar de la misma forma que lo hice en el pasado.
¿Por qué? Porque entonces significa que no aprendí y todo mi sufrimiento fue en vano. 

jueves, 30 de julio de 2020

Zapatos

El amor es como estrenar un par de zapatos.
Necesitas un nuevo par de zapatos. Empezas la búsqueda a través de internet, o recorres las distintas zapaterías de tu ciudad buscando aquel par de zapatillas, de sandalias, de botas, que te hacen falta. 
O puede ser que no los busques, y un día navegando por la web o paseando por un shopping pases por una vidriera y los veas, y digas: ¡quiero ese par de zapatos!
Al principio todo es ilusión. Se siente tan bien buscar algo nuevo, ¿no? Se siente tan bien encontrar el par de zapatos que te gustan, y necesitas.
Todo es ilusión: la ilusión de ir a comprar, la ilusión de elegir el modelo más lindo, la ilusión de elegir un calzado que sea cómodo, la ilusión de pensar en qué ocasiones voy a usarlo, la ilusión de armar outfits con estos nuevos zapatos que te gustan tanto. 
Una vez que los tenes en la mano y son tuyos, volves a tu casa con una sonrisa en la cara. Ahora te invade por todo el cuerpo la ilusión de usarlos.  
Llegó el día que vas a ponerte tu par de zapatos. 
Los sacas de la caja, con cuidado, porque es la primera vez que los vas usar y no queres ensuciarlos. 
Pero como todo en la vida no es color de rosa, y como toda primera vez, hay que acostumbrarse a ellos.
Salis a la calle, y estás lista para caminar. Al comienzo esta todo bien, pero a medida que avanzas duele. ¿Por qué me está doliendo tanto este par de zapatos? Es obvio, tus pies tienen que moldearse a este nuevo zapato, pero duele, y nadie va a negar que es una molestia que duela.
De repente sangra. La parte donde está el tendón del pie, el dedo pulgar del pie, el dedo meñique del pie, todo se pone color rosa. La piel se rompe. Arde. Duele. Aprieta. Incómoda.
Pero como todo, empieza a pasar. 
Ya te acostumbraste al dolor de tus nuevos zapatos, y ya no los sentís. Va a llegar ese un día que estés caminando con tus zapatos nuevos y no te duela más y sentís que lo peor, ya pasó.
Pero no. Cuando creíste haberte acostumbrado vuelve a doler.
¿Pero, cómo, no se había acostumbrado ya mi pie a este zapato?
Poco a poco, duele, poco a poco deja de doler, y poco a poco vuelve a doler. 
¿Por qué pasa esto con mi zapato si estaba bien con él? Es que te empezaron a quedar chicos o quizás te equivocaste de talle al elegirlos. 
O quizás quisiste encajar tanto con tu par de zapatos y quisiste que te queden bien, que te lastimaste.
O puede ser que de tanto usarlos, se hayan roto o se hayan gastado. 
¿Siguen siendo cómodos? No, ya no me gustan ni me siento a gusto con ellos. Me aprietan, están rotos. 
¿Hice todo lo posible para aguantar y seguir usandolos? Si. 
¿Funcionó? No.
Y entonces, ¿ahora qué hago? Dejar ir ese par de zapatos.
Eso es el amor, dejar de usar el par de zapatos que tanto te gusta porque se gastaron, porque por más que sean lindos y cómodo ya no te hacen bien. Te puede encantar el modelo, te puede gustar el color pero evidentemente al usarlos no te haces un bien. 
Los podes guardar en una caja y guardarlos en algún galpón, armario, o donde sea que quieras guardarlos. 
Los podes dejar cerca por si algún día volves a tener ganas de usarlos, o lo podes guardar bien lejos llegando al límite de nunca jamás volver acordarte que tuviste ese par de zapatos.
Esa es tu elección.
Al principio duele desprenderse de tu par favorito, aquel par que te acompaño a tantos lados y fue parte de tu vida.
Aquel par con el que compartiste risas, llantos, fiestas, cumpleaños, cenas, almuerzos, meriendas, viajes, salidas, películas, parques, paseos. 
Cuesta, pero es necesario. 
Una vez que dejamos ir ese par de zapatos que aprietan, que incomodan, que duelen estamos listos para comprar un nuevo par de zapatos.
Y si, con el tiempo va a llegar tu nuevo par. 
Quizás algún día llegue ese par que nunca se gaste, ese par que te guste siempre, ese par que no le hayas errado con el talle, y ese par que te de todo lo que buscas en un zapato. 
 

lunes, 18 de mayo de 2020

¿Esta mal?

A veces me pregunto si esta mal querer volver a enamorarme de él. 
A veces me pregunto por qué pienso en eso, si viví lo que me hizo vivir y sentí lo que me hizo sentir. 
Es que no creo en la maldad, si cuando uno mira detenidamente unos ojos y están vacíos. La gente mala no tiene los ojos vacíos ni la mirada perdida, la gente con dolor si.
Jamás llegaré a entender su dolor, como se que quizás él jamás entendió el mío, y no lo justifico, simplemente siempre fuimos diferentes.
A veces me siento mal por desearlo en mi vida, conociendo cada una de las heridas que quedaron a causa de tenernos, y a veces me siento mal por morirme de ganas de volver a sus brazos y quedarme ahí mientras me da un beso en la frente. 
A veces me siento mal por no poder alejar esos pensamientos, aún sabiendo que no siento amor. 
A veces me siento mal conmigo ya que me estoy fallando a mi misma. Encontré a alguien que me hace dudar incluso de mi, que me hace poner en jaque lo que siempre fui para demostrarme que estuve equivocada.
A veces me siento mal por hacerlo culpable, a veces me siento mal por hacerme culpable, cuando no debería tratar de encontrar al que delinquió, sino sanar y seguir adelante en busca de un nuevo amor. De nada sirve atribuirle la culpa a alguien cuando ya pasó. Solo genera aún más dolor. 
A veces me siento mal por no poder alejarme y nunca poder adiós, y a veces me siento mal por no respetarlo, reconociendo mi error. 
A veces me siento mal y no puedo hacer nada para remediar la situación, tan solo dejar que pase el tiempo y el destino sea quien decida por los dos.
Se que te perdono porque el resentimiento no es parte de mi corazón. 
Se que escribo porque mi mente no se aclaró. 
Se que escribo porque del todo, no se curó. 
Y de nuevo me pregunto, ¿está mal soñar con vos? 

martes, 10 de marzo de 2020

Si la pregunta es arriesgar o no, la respuesta soy yo.

Si vuelves diez veces, te recibiré veintidós. Si dudas dos veces, te susurrare mi nombre al oído en nuestra danza de pasión.
Si te sentis confundido por la situación, agarrame la mano y volemos, mi amor.
Si tu boca se mueve directo a la mía, sería una pena no jugar la partida.
Si tus manos se mueren por acariciar mi vida, no dudes dos veces que te espero todavía.
Si la duda te carcome y se siente la agonía, no hay mejor remedio que mi compañía.
Si tu mente recuerda cada bala perdida, rebobinemos al pasado y tiremos la artillería.
Si el amor que me tenes se te manifiesta con las risas, te espero sentada donde me dejaste aquel día.

Privilegios

Y otra vez me tenes oscilando entre el bien y el mal. Como vos dijiste: nuestra historia es de nunca acabar.
Esto es para rato, y lo sabes, lo confirmaste cuando otra vez a mis besos los recordó tu piel.
Otra vez me tenes pensando en qué lado me voy a quedar. Como vos dijiste: nuestra historia acaba de empezar.
Dime, ¿debo hacer lo que debo o lo que no? ¿tengo que desafiar al tiempo y el espacio para quedarme junto a vos?
No sé si hacer lo que me hace bien y despedirme sin decir adiós, o si hacer lo que quiero y arder en el infierno con tu amor.
Nunca fui buena decidiendo, tampoco fingiendo. Nunca fui buena eligiendo, tampoco entendiendo.
Hay algo dentro mío que está latiendo, que me pide a gritos que no haga lo correcto.
Hay algo dentro mío que me quema, lo estoy sintiendo, me dice que muera con vos aunque nos lastime en todo momento.
¿Y sabes qué, mi amor? prefiero hacerlo.
Prefiero hacer lo que me lleve al dolor ya que al menos sé que estoy viviendo.
Prefiero hacer lo que me lleve al dolor porque siempre es mejor arder de a dos en un incendio.

jueves, 30 de enero de 2020

13 de abril del 2019

Y era predecible.
Algo en mi estaba mal, y lo supe enseguida. Es que me conozco y más cuando empiezo a dudar.
Las señales eran claras pero, no las quería ver.
¿Por qué no las quería ver?
¿Qué me llevaba a negarlo?
¿Acaso aceptarlo significaría que todos mis principios son falsos? ¿Qué todo lo que dije fueron mentiras? ¿O por qué mis sentimientos eran encontrados?
Durante ese día lo omití; envíe ese pensamiento que me hacía ruidito en la cabeza al abismo.
Lo ignoré, como la mayoría de las cosas que vienen a mí.
Hasta que caí.
Hasta que te vi mirándome.
En el momento en que mi guardia estaba baja, en el momento en que más errores estaba cometiendo, en el mejor momento para que me destruyas... vos solo me mirabas, y me mirabas con pureza.
Aquella duda que guardé en el fondo de mi ser volvió a flote, imponiéndose.
Quise que se vaya, otra vez, pero sabía que no lo iba a lograr, sabía que había llegado para quedarse.
Algo me decía que debía resolverla sí o sí, que no podía seguir un minuto más con ella.
Intentaba descifrarlo, no podía.
Decidí apreciarte para entenderlo.
Busqué tu mirada, para despedirme, aunque no la encontré.
Cuando me dije que era en vano, que era un capricho del momento, un invento de mi aburrimiento, vino la respuesta.
Y sí, ya la sabía.
Siempre la supe pero nunca pude advertirla.
Eras vos.
El problema fue cuando tuve que decirlo en voz alta, mi sistema emocional automáticamente dijo: no.
Mi corazón inquieto, se manifestó.
¿Por qué decís que no, hipócrita?
Tranquila, en mi mundo, sin presiones ajenas, sin preguntas curiosas, siendo yo, dije: sí.
No lo dudé, porque mi duda ya estaba resuelta y porque siempre fui impulsiva, entonces me arriesgué.
Y no me arrepiento.
Cuando hablas, algo dentro mio ya no duda, pero ríe.
Y ríe, pues sabe que lo nuestro es querernos y odiarnos.
Es matarnos, y adorarnos.
Es desearnos, e insultarnos.
Y así, estoy bien.
Me siento bien. Te siento bien.
Algo dentro mío lo sabía, desde un principio, y sé que algo dentro tuyo también lo sabía.

miércoles, 29 de enero de 2020

12 de abril del 2019

Solo y vulnerable me mirabas, después de haberte dado con mi artillería más pesada.

Solo y triste te alejabas, después de cansarte de esta guerra infundada.

En lo profundo de mi ser llegó la duda, ¿acaso estoy sintiendo algo más?
¿qué está roto en mi para que mi corazón esté latiendo así?
Lo analice y lo descubrí.
Eras vos.

Todo, de repente, vibro. No era la misma, no, apareciste vos. Quizás debí dejar que ese sentimiento se fuera como una tormenta pasajera, conformarme con la idea de que quizás "es solo uno más, Malena".

Pero, no. Algo me decía que no lo era.
Entonces, me arriesgué, inventé una excusa y te hablé.
Al principio no entendías, y es que obvio, ¿cómo tu enemiga estaba pidiendote que le digas -se mía-?
Yo tampoco me entendía, pase de odiarte a quererte en medio día.

No me arrepiento de haberme arriesgado (ni ese día ni hoy) porque siento que estoy bien a tu lado. Espero que el destino, como vos decis, sea el encargado.
Ya barajó las cartas, y espera sentado.

Solo espero aprender de este viaje que vuela totalmente mi cabeza. Querer matarte y luego besarte, no es algo muy normal en mi, es una rareza.

Adicta

Su amor quemaba muy, pero muy dentro. Era como un fuego indomable, que no podía apagar de ninguna manera por más que lo intentara.
Me dolía y me ardía cada vez más pero me gustaba.
Me gustaba y no estaba dentro de mis planes querer extinguirlo pese a saber que debía hacerlo.
 Día tras día la llamarada se tornaba intensa, y cuando se tornaba más y más intensa era cuando yo más y más lo amaba.
Era tóxico. Si.
Nocivo.
Destrozador.
Avasallante.
Efusivo.
Delirante.
Pero era cálido, y humano, y era él.
Su potencia me hacía sentir que en mi vida no iba a volver a experimentar esta sensación, de tener todo y nada a la vez, de que no iba a haber otro igual y que su amor era mágico.
Supongo que me gusta incendiarme.
Supongo que aún me gusta.
Supongo que jamás domare este fuego irresistible que me hace un adicta.
Supongo que no me apartaré de él, es la primera vez que mis sentimientos son reales.


domingo, 26 de enero de 2020

Adiós a tu nombre

Hoy me di cuenta que mi mente no te piensa si mi boca no te nombra.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es olvidable para mi.
¿Quién sos?, me preguntó mientras recuerdo el pasado. Caen lágrimas, si, pero de vez en cuando aunque no, no te nombro.
Empapada de momentos y también mis ojos, pero no, no te nombro.
Y como no repito las sílabas que conforman aquel hombre que un día amé tanto, tanto hasta el abismo, tanto hasta perderme a mi misma, no te siento.
No te pienso, no te espero, no te escucho, no te nombro.
Quizás en lo más profundo de mi soledad, cuando el frío quema, cuando el viento seca, viene a mi memoria tu nombre.
Solamente cuando no me encuentro, cuando miro para atrás, cuando mi atención no está depositada en algo más, es cuando te nombro, efímera o eternamente, te nombro.
Tarde o temprano nuestra historia terminaría, ¿quién sabe si nuestros destinos seguirán? pero siento desde lo más oscuro de mi alma, pálpito con cada una de las fibras que componen mi cuerpo, que lo nuestro, lo que era nuestro o lo que quedó de lo nuestro termino.
Duele decirlo, una presión se apodera de mi pecho escribirlo y mis nubes llueven de tristeza, se que pese a eso, es sano plasmarlo.
No fue como queríamos, o si;
no fue lo que esperábamos o si;
pero aquella aventura que comenzó una noche de abril concluyó una noche de enero, de todas formas sabemos que no fue así.
Llegaste en otoño y te fuiste en verano, me abrigaste el mundo y me apagaste el ventilador, igualmente agradezco, en el frío es más difícil querer.
Las despedidas siempre dejan sabores amargos y por eso mismo ya no puedo decir tu nombre.
Hoy me di cuenta como son las cosas, no puedo encadenar un ave que ha decidido ser libre ya que seria matarla en vida, y no te quiero sin luz, te quiero estrellado.
Hoy me di cuenta que mi mente no te piensa si mi boca no te nombra.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es lejano para mi.