Y era predecible.
Algo en mi estaba mal, y lo supe enseguida. Es que me conozco y más cuando empiezo a dudar.
Las señales eran claras pero, no las quería ver.
¿Por qué no las quería ver?
¿Qué me llevaba a negarlo?
¿Acaso aceptarlo significaría que todos mis principios son falsos? ¿Qué todo lo que dije fueron mentiras? ¿O por qué mis sentimientos eran encontrados?
Durante ese día lo omití; envíe ese pensamiento que me hacía ruidito en la cabeza al abismo.
Lo ignoré, como la mayoría de las cosas que vienen a mí.
Hasta que caí.
Hasta que te vi mirándome.
En el momento en que mi guardia estaba baja, en el momento en que más errores estaba cometiendo, en el mejor momento para que me destruyas... vos solo me mirabas, y me mirabas con pureza.
Aquella duda que guardé en el fondo de mi ser volvió a flote, imponiéndose.
Quise que se vaya, otra vez, pero sabía que no lo iba a lograr, sabía que había llegado para quedarse.
Algo me decía que debía resolverla sí o sí, que no podía seguir un minuto más con ella.
Intentaba descifrarlo, no podía.
Decidí apreciarte para entenderlo.
Busqué tu mirada, para despedirme, aunque no la encontré.
Cuando me dije que era en vano, que era un capricho del momento, un invento de mi aburrimiento, vino la respuesta.
Y sí, ya la sabía.
Siempre la supe pero nunca pude advertirla.
Eras vos.
El problema fue cuando tuve que decirlo en voz alta, mi sistema emocional automáticamente dijo: no.
Mi corazón inquieto, se manifestó.
¿Por qué decís que no, hipócrita?
Tranquila, en mi mundo, sin presiones ajenas, sin preguntas curiosas, siendo yo, dije: sí.
No lo dudé, porque mi duda ya estaba resuelta y porque siempre fui impulsiva, entonces me arriesgué.
Y no me arrepiento.
Cuando hablas, algo dentro mio ya no duda, pero ríe.
Y ríe, pues sabe que lo nuestro es querernos y odiarnos.
Es matarnos, y adorarnos.
Es desearnos, e insultarnos.
Y así, estoy bien.
Me siento bien. Te siento bien.
Algo dentro mío lo sabía, desde un principio, y sé que algo dentro tuyo también lo sabía.
jueves, 30 de enero de 2020
miércoles, 29 de enero de 2020
12 de abril del 2019
Solo y vulnerable me mirabas, después de haberte dado con mi artillería más pesada.
Solo y triste te alejabas, después de cansarte de esta guerra infundada.
En lo profundo de mi ser llegó la duda, ¿acaso estoy sintiendo algo más?
¿qué está roto en mi para que mi corazón esté latiendo así?
Lo analice y lo descubrí.
Eras vos.
Todo, de repente, vibro. No era la misma, no, apareciste vos. Quizás debí dejar que ese sentimiento se fuera como una tormenta pasajera, conformarme con la idea de que quizás "es solo uno más, Malena".
Pero, no. Algo me decía que no lo era.
Entonces, me arriesgué, inventé una excusa y te hablé.
Al principio no entendías, y es que obvio, ¿cómo tu enemiga estaba pidiendote que le digas -se mía-?
Yo tampoco me entendía, pase de odiarte a quererte en medio día.
No me arrepiento de haberme arriesgado (ni ese día ni hoy) porque siento que estoy bien a tu lado. Espero que el destino, como vos decis, sea el encargado.
Ya barajó las cartas, y espera sentado.
Solo espero aprender de este viaje que vuela totalmente mi cabeza. Querer matarte y luego besarte, no es algo muy normal en mi, es una rareza.
Solo y triste te alejabas, después de cansarte de esta guerra infundada.
En lo profundo de mi ser llegó la duda, ¿acaso estoy sintiendo algo más?
¿qué está roto en mi para que mi corazón esté latiendo así?
Lo analice y lo descubrí.
Eras vos.
Todo, de repente, vibro. No era la misma, no, apareciste vos. Quizás debí dejar que ese sentimiento se fuera como una tormenta pasajera, conformarme con la idea de que quizás "es solo uno más, Malena".
Pero, no. Algo me decía que no lo era.
Entonces, me arriesgué, inventé una excusa y te hablé.
Al principio no entendías, y es que obvio, ¿cómo tu enemiga estaba pidiendote que le digas -se mía-?
Yo tampoco me entendía, pase de odiarte a quererte en medio día.
No me arrepiento de haberme arriesgado (ni ese día ni hoy) porque siento que estoy bien a tu lado. Espero que el destino, como vos decis, sea el encargado.
Ya barajó las cartas, y espera sentado.
Solo espero aprender de este viaje que vuela totalmente mi cabeza. Querer matarte y luego besarte, no es algo muy normal en mi, es una rareza.
Adicta
Su amor quemaba muy, pero muy dentro. Era como un fuego indomable, que no podía apagar de ninguna manera por más que lo intentara.
Me dolía y me ardía cada vez más pero me gustaba.
Me gustaba y no estaba dentro de mis planes querer extinguirlo pese a saber que debía hacerlo.
Día tras día la llamarada se tornaba intensa, y cuando se tornaba más y más intensa era cuando yo más y más lo amaba.
Era tóxico. Si.
Nocivo.
Destrozador.
Avasallante.
Efusivo.
Delirante.
Pero era cálido, y humano, y era él.
Su potencia me hacía sentir que en mi vida no iba a volver a experimentar esta sensación, de tener todo y nada a la vez, de que no iba a haber otro igual y que su amor era mágico.
Supongo que me gusta incendiarme.
Supongo que aún me gusta.
Supongo que jamás domare este fuego irresistible que me hace un adicta.
Supongo que no me apartaré de él, es la primera vez que mis sentimientos son reales.
Me dolía y me ardía cada vez más pero me gustaba.
Me gustaba y no estaba dentro de mis planes querer extinguirlo pese a saber que debía hacerlo.
Día tras día la llamarada se tornaba intensa, y cuando se tornaba más y más intensa era cuando yo más y más lo amaba.
Era tóxico. Si.
Nocivo.
Destrozador.
Avasallante.
Efusivo.
Delirante.
Pero era cálido, y humano, y era él.
Su potencia me hacía sentir que en mi vida no iba a volver a experimentar esta sensación, de tener todo y nada a la vez, de que no iba a haber otro igual y que su amor era mágico.
Supongo que me gusta incendiarme.
Supongo que aún me gusta.
Supongo que jamás domare este fuego irresistible que me hace un adicta.
Supongo que no me apartaré de él, es la primera vez que mis sentimientos son reales.
domingo, 26 de enero de 2020
Adiós a tu nombre
Hoy me di cuenta que mi mente no te piensa si mi boca no te nombra.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es olvidable para mi.
¿Quién sos?, me preguntó mientras recuerdo el pasado. Caen lágrimas, si, pero de vez en cuando aunque no, no te nombro.
Empapada de momentos y también mis ojos, pero no, no te nombro.
Y como no repito las sílabas que conforman aquel hombre que un día amé tanto, tanto hasta el abismo, tanto hasta perderme a mi misma, no te siento.
No te pienso, no te espero, no te escucho, no te nombro.
Quizás en lo más profundo de mi soledad, cuando el frío quema, cuando el viento seca, viene a mi memoria tu nombre.
Solamente cuando no me encuentro, cuando miro para atrás, cuando mi atención no está depositada en algo más, es cuando te nombro, efímera o eternamente, te nombro.
Tarde o temprano nuestra historia terminaría, ¿quién sabe si nuestros destinos seguirán? pero siento desde lo más oscuro de mi alma, pálpito con cada una de las fibras que componen mi cuerpo, que lo nuestro, lo que era nuestro o lo que quedó de lo nuestro termino.
Duele decirlo, una presión se apodera de mi pecho escribirlo y mis nubes llueven de tristeza, se que pese a eso, es sano plasmarlo.
No fue como queríamos, o si;
no fue lo que esperábamos o si;
pero aquella aventura que comenzó una noche de abril concluyó una noche de enero, de todas formas sabemos que no fue así.
Llegaste en otoño y te fuiste en verano, me abrigaste el mundo y me apagaste el ventilador, igualmente agradezco, en el frío es más difícil querer.
Las despedidas siempre dejan sabores amargos y por eso mismo ya no puedo decir tu nombre.
Hoy me di cuenta como son las cosas, no puedo encadenar un ave que ha decidido ser libre ya que seria matarla en vida, y no te quiero sin luz, te quiero estrellado.
Hoy me di cuenta que mi mente no te piensa si mi boca no te nombra.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es lejano para mi.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es olvidable para mi.
¿Quién sos?, me preguntó mientras recuerdo el pasado. Caen lágrimas, si, pero de vez en cuando aunque no, no te nombro.
Empapada de momentos y también mis ojos, pero no, no te nombro.
Y como no repito las sílabas que conforman aquel hombre que un día amé tanto, tanto hasta el abismo, tanto hasta perderme a mi misma, no te siento.
No te pienso, no te espero, no te escucho, no te nombro.
Quizás en lo más profundo de mi soledad, cuando el frío quema, cuando el viento seca, viene a mi memoria tu nombre.
Solamente cuando no me encuentro, cuando miro para atrás, cuando mi atención no está depositada en algo más, es cuando te nombro, efímera o eternamente, te nombro.
Tarde o temprano nuestra historia terminaría, ¿quién sabe si nuestros destinos seguirán? pero siento desde lo más oscuro de mi alma, pálpito con cada una de las fibras que componen mi cuerpo, que lo nuestro, lo que era nuestro o lo que quedó de lo nuestro termino.
Duele decirlo, una presión se apodera de mi pecho escribirlo y mis nubes llueven de tristeza, se que pese a eso, es sano plasmarlo.
No fue como queríamos, o si;
no fue lo que esperábamos o si;
pero aquella aventura que comenzó una noche de abril concluyó una noche de enero, de todas formas sabemos que no fue así.
Llegaste en otoño y te fuiste en verano, me abrigaste el mundo y me apagaste el ventilador, igualmente agradezco, en el frío es más difícil querer.
Las despedidas siempre dejan sabores amargos y por eso mismo ya no puedo decir tu nombre.
Hoy me di cuenta como son las cosas, no puedo encadenar un ave que ha decidido ser libre ya que seria matarla en vida, y no te quiero sin luz, te quiero estrellado.
Hoy me di cuenta que mi mente no te piensa si mi boca no te nombra.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es lejano para mi.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)