Te dije adiós y el cielo llovió.
¿Será de tristeza o será de felicidad?
Me despedí para siempre de vos y la lluvia cayó.
Es la despedida que merece nuestro amor.
Duele, y esta bien que duela, porque significa que estoy viva.
Si no doliera, si no pudiera sentir dolor significa que ese amor me mató,
y no puedo perder mi vida cuando ya perdí mi corazón.
El amor tiene forma de destino y el destino implica causalidad y casualidad.
El decidir salir de casa aquel día lluvioso o el decidir si ir a determinado sitio en especial, constituyen la causa del destino y la magia del encuentro, tornando color casualidad.
Casualidad que tu estabas frente a mi, casualidad que tus ojos me invitaron a mirarte de otra manera, casualidad que la profundidad de tu alma se manifestó ante mi aquella tarde calurosa, casualidad que estabas brillando intensamente solo para mi.
Vi el resplandor de tu vida, que encandilaba todo el lugar.
El color de la magia lo vi, el destino y nuestros caminos caprichosos entrecruzados como debía ser.
Quizás tuvimos que separarnos para encontrarnos.
Quizás mi mente duda por lo externo y por tu ambición porque yo vi tu luz.
Le temo a tu futuro y no me veo sosteniendome en él. No te veo sosteniendome en él.
Quizás no es amor pero si no lo fuera, ¿por qué cada parte de mi quiere ir con vos?
¿Serás causalidad o serás casualidad?
La causalidad fue concurrir aquel día los dos al mismo lugar, casualidad fue que tu presencia invada mi cuerpo una vez más.
A medida que uno crece debe tomar decisiones, decisiones que nos llevan a enfrentar distintas situaciones. Un día llegó el momento de tomar esa decisión.
¿Debo entregarme al amor sin que me importe la condición social, el futuro económico y la opinión de los demás? ¿O debo ser sensata y no hacerle caso a mi corazón?
El problema es que a veces no es el corazón, es el impulso y el deseo de sentirse bien con esa persona, y también es el miedo a no ser feliz. Es el miedo a equivocarse una vez más.
Siempre he creído que el destino baraja las cartas y uno intenta jugar su mejor mano pero a veces lo que dice la cabeza no es congruente con lo que dice la intuición.
¿Abrirme a sentir su amor o vivir mi vida preguntándome que hubiera pasado si hubiera apostado mi vida por su amor?
En otro momento me hubiera abierto a sentir, por más que eso duela, pero hoy lo dudo porque crecí.
Si dudo significa que he cambiado y si he cambiado significa que mi corazón ya no corre desesperadamente hacia él porque piensa y el corazón no debe pensar.
Si mi corazón no corre hacia él, la decisión es clara y sencilla. Si la decisión es fácil, ¿por qué no quiero tomarla? ¿Por qué me sigo enredando en este juego?
¿Acaso lo quiero? Si el amor no es un juego.
¿Realmente me gusta él o me gusta cómo me hace sentir? ¿O me gusta la sensación y la adrenalina de saber que estoy viva?