El amor tiene forma de destino y el destino implica causalidad y casualidad.
El decidir salir de casa aquel día lluvioso o el decidir si ir a determinado sitio en especial, constituyen la causa del destino y la magia del encuentro, tornando color casualidad.
Casualidad que tu estabas frente a mi, casualidad que tus ojos me invitaron a mirarte de otra manera, casualidad que la profundidad de tu alma se manifestó ante mi aquella tarde calurosa, casualidad que estabas brillando intensamente solo para mi.
Vi el resplandor de tu vida, que encandilaba todo el lugar.
El color de la magia lo vi, el destino y nuestros caminos caprichosos entrecruzados como debía ser.
Quizás tuvimos que separarnos para encontrarnos.
Quizás mi mente duda por lo externo y por tu ambición porque yo vi tu luz.
Le temo a tu futuro y no me veo sosteniendome en él. No te veo sosteniendome en él.
Quizás no es amor pero si no lo fuera, ¿por qué cada parte de mi quiere ir con vos?
¿Serás causalidad o serás casualidad?
La causalidad fue concurrir aquel día los dos al mismo lugar, casualidad fue que tu presencia invada mi cuerpo una vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario