Jugando a las escondidas nos tuvimos que encontrar en aquella esquina absurda donde lo prohibido se empezó a materializar.
Una charla fugaz, un chiste casual, una mirada que quebranto poco a poco mi fuerza de voluntad.
Una pista en mis labios y una risa en tu boca, una caricia lejana que denotaba la intención de terminar enredandonos en una historia propia.
Estimo que fue mutuo, no lo voy a negar, la conexión que sentimos, ¿la pudimos disimular?
Quizás la próxima me voy animar a dar aquel paso justiciero que nos va a condenar. Mientras tanto idealizo el siguiente encuentro, en el cual te miro a los ojos y descifro lo nuestro. Mientras tanto intento percibir el momento en el que finjo demencia de aquel incendio.