domingo, 27 de marzo de 2016

El cuento del lobo

El problema de nuestra relación es que vos sos muy lobo
y yo soy muy oveja.
El tigre y el león podrán ser los más salvajes,
podrán ser los reyes de la selva
pero el lobo no trabaja para el circo.
Vos no te comes ningún circo.
Vos armas los circos.
Yo soy sensible y domesticable.
Yo soy fácil de dominar.
Vos sos un lobo.
Cruel, despiadado.
Mentiroso.
Yo emocionalmente compleja.
Yo soy una oveja más en tu rebaño.
Pero
el lobo siempre va a ser el malo
si escuchamos la versión de la oveja.
Quizás no sos tan lobo.
Quizás sos también oveja disfrazada de lobo.
Quizás te hiciste lobo porque
en algún momento
una loba
rompió tu oveja corazón.
Vos no andas en una manada
vos andas por tu cuenta.
Lobo solitario.
Te sabes todos los trucos.
y con vos es siempre la misma historia
es siempre lo mismo con vos
siempre que trato de patear
hacerte un gol
siempre
pero siempre
estoy
en offside

lunes, 21 de marzo de 2016

A veces ÉL

Tengo muchas ganas de hablarle porque quiero lo de antes con él. Ser toda ojos y oídos. Hablar 24 hs sin cansarnos de nosotros mismos. Hablar incoherencias. Hablar de nosotros. Compartir sueños. Crear mentiras. Fingir que somos héroes en cuentos que nunca leímos.
Yo no me como las uñas pero me las estoy mordiendo mentalmente porque muero de ganas de mandarle algún mensajito de esos que se que le van a gustar. Por algo me hablo hace poco no? Algo debe querer. Como aquella noche que volvió con un par de copas encima. Siempre fui fiel a la idea de que las copas nos hacen decir lo que no nos animamos y lo que pensamos sobrios.
Él es tan él. Es una versión mía más disimulada. Le encanta contar y hacerte saber todo. Le encanta chusmear y chismear todo pero nunca lo reconoce porque oculta eso.
Él es tan yo que a veces me asusta. Pero él juega mejor que yo, y me gana en eso. Él puede clavarme el visto e ignorarme porque no le interesa si respiro o no. A mi tampoco me interesa sino solamente cuando me acuerdo de él. Como por ejemplo, ahora.
Se que me va a clavar el visto porque yo en su equipo no juego ni en reserva. Se que es de apurada e incensario ese mensajito. Solamente confirma su teoría de que lo sigo queriendo pero, qué le hace un mensaje más, un mensaje menos?

Potro

Te quiero tanto que me hace daño y si algo pasa, que nos separé... serás hermoso!
Si pibito. Siempre vas a ser hermoso. En el sentido amoroso.
Me re cuesta dejar de ser yo. Toda mi vida me maneje de la misma manera hasta que llegaste vos e hiciste mi papel. Por primera vez tengo miedo de no hacer bien mi papel. Estoy recursando esta materia con vos y sinceramente no era lo planeado.
Cada vez que intento arreglar la situación la embarro más. Vos no me das ni chance pero sigo intentando. Soy como los caballos. No ven a los costados. No miran hacia atrás. No son consciente de lo que causan ni de lo que hacen.
Es que siento que algo muy dentro mio me dice que este no era nuestro destino, que por algo me seguís hablando de vez en cuando y quizás es para tu diversión pero en el fondo, siempre hay otro motivo. Otro interés. Y yo, yo lo se más que nadie. No te olvides que ese es mi papel.
Una corazonada me dice que por algo moves todas tus fichas de cierta manera. Por algo buscas herir.
Y vos, vos bien sabes que no fue toda mi culpa y se que vos no querías que esto pasará. Soy algo así como un mal. Un mal que te gustó.
Yo soy tu títere pero poco a poco me voy cortando los hilos, y tene cuidado porque cuando te quieras dar cuenta te vas a quedar sin show.
Pero tranquilo, que el que más vas a perder vas a ser vos.
El orgullo ,o no sé cuál sean tus estúpidas razones, no te llevan nunca a ningún lado. Y quizás ese papel no lo se hacer bien porque como te dije, soy un caballo.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Versión REALISTA

Y ahí estaba yo, parada en la barra de la pista de baile con un trago en la mano. Había leído en una revista que pararse en la barra con un trago en la mano y bailar al ritmo de la música atraía a los chicos. Este "movimiento" les daba a entender que eras una chica con onda y divertida. Esa noche había salido porque una vez más mi corazón estaba roto. Mis amigas me habían convencido más que nada ya que hubiese preferido quedarme en casa, acostada, llorando mientras veía por octava vez "3 Metros Sobre el Cielo".
El boliche ya estaba aburrido para mi gusto. Sonaba la música electrónica lo que me daba la certeza que debían ser ya las 3:30 AM, y habíamos llegado a las 3 así que me quedaban unas 3 horas más ahí adentro cruzándome a toda la gente que no quería ver, ejemplo: él.
Cerré los ojos y me dejé llevar por ese sonido que me daba ganas de mover la cabeza a todos lados. Las chicas seguramente ya estaban con sus chicos, y yo, estaba sola, una vez más.
Mire al de la barra y me sonrió. Me conocía. Siempre iba ahí, con él. Ahí nos habíamos cruzado por primera vez.
Estaba dando una vuelta y prácticamente mis amigas me arrastraron hasta él. No estaba nerviosa ni nada porque no me importaba, jamás lo había subido a ningún tipo de pedestal ni siquiera lo había tenido en cuenta, para mi no existía. Lo saludé como si su presencia me diera igual e intenté escuchar lo que me decía entre todo ese ruido.
Le devolví la sonrisa y miré hacia el tumulto de gente. Deseaba encontrar a alguien conocido para poder irme de ese maldito lugar. Podría haberme ido sola al baño, ya era grande y siempre me gustaba perderme en el boliche pero esa noche no me dieron ganas. Algo me dijo que tenía que quedarme ahí.
De repente, oí su voz.
Mi pequeño mundo comenzó a colapsar. Empecé a derrumbarme por dentro. Las placas tectónicas, que conformaban mi mundo, empezaron a romperse provocando desastres naturales como terremotos. Mis mares ahogaron mis países destruyendo a mi vegetación y de repente, estaba inundada de sus recuerdos
Era una idiota. Sabía que era viernes y sabía que ese era su boliche. Estaba parada en su barra, estaba en su territorio. Parecía que era apropósito que estaba ahí. Como que lo estaba esperando para poder hablar con él después de lo que había sucedido.
Nunca podía ponerle un punto final a nuestra historia. En realidad, no existía un nuestro en los momentos compartidos, no había un historial que se llame nosotros. Nunca habíamos sido nada y quizás eso me dolía todavía.
No lo miré. Ni siquiera me inmuté. Me quede ahí, paralizada, con mi trago en la mano y mis ojos cerrados. Juro que podía escuchar el latir de mi corazón aún incluso a través de la música que estaba al tope.
Si me iba era muy obvia e infantil pero si me quedaba era muy pesada y agobiante. Cualquier decisión que tomará en ese momento de alguna u otra manera me iba a ridiculizar.
Lo saludo y me voy. Ese podría haber sido mi plan. Hasta que lo peor pasó.
Apareció mi amiga, con unas copas de más, gritando mi nombre y haciendo que él gire y se de cuenta que a pocos pasos suyos estaba yo.
Si en ese preciso momento, si en ese preciso lugar y si en esa precisa hora hubiera tenido la habilidad de ser invisible la hubiera usado. Si tuviera el poder de desaparecer, de ser tragada por la tierra o si tuviera un reloj que parara el tiempo lo hubiera usado.
Abrí la boca y me quede perpleja. Él me miró y se rió. Si me iba ahora era una estúpida pero si me quedaba sin decir nada era una acosadora.
Tomé todo el valor del mundo y decidí tocarle el hombro. Pero, ¿y si no me saludaba? ¿Y si me comía un amague? ¿Y si quedaba más estúpida de lo que se podía llegar a quedar?
Hola le dije. No se dio vuelta. Cerré los ojos y bufané. Mis ojos amenazaron con llenarse de lágrimas y mi corazón comenzó a fracturar los pedazos ya rotos. Era como una ruptura post-ruptura. Como si cada pedazito de mi corazón se volviera a fraccionar en otro pedazito, que tenía astillas que me pinchaban el pecho.
Largue el aire que estaba aguantando, agarré a mi amiga de la mano y comencé a dirigirme hacia el patio y lograr que mi amiga tome aire, y que yo refresque un poquito mis ideas. Que apague mi fuego. Que calme mi ira. Que seque mis lágrimas.
Él no me siguió. Tampoco me frenó como hacen en las películas. Él hizo algo peor, él me ignoró.
Me juré a mi misma nunca jamás de los jamases volver a pararme en su barra y mucho menos salir los viernes.
Mi amiga me relataba todas las cosas que le habían pasado en menos de una hora y yo ya me quería ir de ahí. No le escuché ni una sola palabra. Mi cabeza estaba poblada de sus frases suyas o de conversaciones.
Justo cuando lo estaba olvidando decidió volver.
Llegué al patio y mi amiga se cruzo a uno de sus chicos. Si amas a algo déjalo libre pensé, ya va a volver la muy zorra.
Agarré mi celular con la esperanza de que este borracho y me haya llamado como la otra vez. Estaba esperanzada con recibir un mensaje, o algo pero nada. Vacío.
Decidí que no me iba arruinar la noche y volví a la pista. No estaba más en la barra. Me mordí los labios, me toqué las uñas, hice los gestos que hacía cuando estaba incómoda.
Me froté la nariz y lo vi. Parado con un trago en la mano riéndose con sus amigos. Nunca lo había visto reírse a carcajadas y esa imagen me asustó.
Si pasaba por adelante de él era obvia pero si me iba no iba a estar a mano conmigo misma. Entonces otra vez entre la espada y la pared. Espere en una esquina oculta de todos hasta que decida irse a dar una vuelta solo o a que se vayan sus amigos y lo dejen. 4 de los 5 que estaban con él se fueron.
Tomé la iniciativa y decidí salir a la luz para que me vea.
Me saludo con la mano y sonreí.
¿Era todo? Pregunté. Soy una ilusa. No nos dimos nada más, solo un buen gesto.
No podía soportar ni 5 minutos más en su mismo ambiente.
Todo seguía igual, él lejos de mi.





jueves, 3 de marzo de 2016

Te escapaste

Hace un par de días que te quiero escribir. Ya van a ser dos semanas de lo que pasó y prácticamente la misma cantidad de días que no hablamos más.
Pensar en vos duele, porque cada vez que agarro el celular y no hay un puto mensaje tuyo duele. Pero no duele porque te amo, duele porque extraño nuestras charlas. ¿Y sabes qué duele más aún? Que no te importe nada. Que vos no te desvelas por mi. Que a vos no se te para el corazón cada vez que paso por tu cuadra.
A vos no te palpita rápido el corazón cuando yo pongo algo en alguna red social. Vos me revisas mis redes sociales. Vos no estas solo y yo si. Eso es lo que me duele.
Y también me duele no poder hacer nada al respecto porque nunca me quisiste, nunca me vas a querer ni tampoco tuviste las intenciones de estar a mi lado de alguna forma.
Quizás yo me confundí pero vos, vos te confundiste más. Huiste de mí.
Creo que de cierta forma algo sentías por mi.
Yo te herí el orgullo y no me arrepiento de eso, yo te herí el ego y sinceramente no me importa porque vos, poco a poco, en tan solo 2 meses, quieras o no, te encargaste de romperme el corazón. Las hiciste todas, violaste todas las reglas habidas y por haber priorizando tu propia felicidad y autogenerandote placer, y no pensaste que capaz yo podía darte lo que buscaste en ella.
Y yo soy distinta, si.
Y yo soy especial. Si. Y estoy loca, y extrovertida, y siempre tengo mil manera de ver las cosas.
Se me ocurren mil ideas siempre. Soy impulsiva y desafiante. Me importa poco lo que piensen los demás, si se enteran y que dicen. Y yo dónde voy, tengo conflictos. Y dónde no voy también. Y aparezco y desaparezca como la suerte. Conmigo nunca es si y nunca es no.
Y si, tenes razón, soy inmadura. Y qué? ¿Acaso no tengo toda mi vida de adulta para ser madura? ¿Y por qué tengo que ser madura contigo si no quiero nada serio?
Huiste de mi porque yo te estaba mostrando el mundo de otra forma, huiste de mi porque te estaba queriendo de una forma que vos no sabes querer.
Huiste de mi porque yo era vida.
Huiste de mi porque yo vivía.