Tengo muchas ganas de hablarle porque quiero lo de antes con él. Ser toda ojos y oídos. Hablar 24 hs sin cansarnos de nosotros mismos. Hablar incoherencias. Hablar de nosotros. Compartir sueños. Crear mentiras. Fingir que somos héroes en cuentos que nunca leímos.
Yo no me como las uñas pero me las estoy mordiendo mentalmente porque muero de ganas de mandarle algún mensajito de esos que se que le van a gustar. Por algo me hablo hace poco no? Algo debe querer. Como aquella noche que volvió con un par de copas encima. Siempre fui fiel a la idea de que las copas nos hacen decir lo que no nos animamos y lo que pensamos sobrios.
Él es tan él. Es una versión mía más disimulada. Le encanta contar y hacerte saber todo. Le encanta chusmear y chismear todo pero nunca lo reconoce porque oculta eso.
Él es tan yo que a veces me asusta. Pero él juega mejor que yo, y me gana en eso. Él puede clavarme el visto e ignorarme porque no le interesa si respiro o no. A mi tampoco me interesa sino solamente cuando me acuerdo de él. Como por ejemplo, ahora.
Se que me va a clavar el visto porque yo en su equipo no juego ni en reserva. Se que es de apurada e incensario ese mensajito. Solamente confirma su teoría de que lo sigo queriendo pero, qué le hace un mensaje más, un mensaje menos?
lunes, 21 de marzo de 2016
A veces ÉL
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario