lunes, 27 de marzo de 2017

Tu a veces.

A veces sos verano, a veces sos invierno.
A veces me llamas para verme, otras para dejarme.
A veces me pedis que deje de llamarte, otras que no te responda.
A veces me decis que me queres, otras que nunca te importe.
A veces te dan celos, otras no te calienta con quien este.
A veces me queres solo tuya, otras ni te acordas si respiro.
A veces me mandas mensajes a la madrugada diciéndome que me extrañas, a veces me decís que soy una histérica y pesada.
A veces parece que entiendo tu juego, a veces estoy en un laberinto.
A veces pienso que te tomé ventaja, otras pierdo por afano.
A veces me acaricias el pelo, otras solo me lo tiras.
A veces me das besos con ganas, otras así no más.
A veces te duele irte y dejarme, otras te duele dejarla.
A veces me hablas de ella, de como te hace sentir, otras de como te hago sentir yo.
A veces tenes la mejor, a veces no me toleras.
A veces me respondes como si mi mensaje te hubiese alegrado el día, a veces me decis que me pierda.
A veces me negas que me buscas, a veces me insistis para vernos.
A veces me mentis, a veces sos honesto.
A veces solo yo te vuelvo loco, a veces soy una más.
A veces pensas en mí, otras queres serle fiel.
A veces tengo ganas de decirte que me cansé, otras tengo ganas de nunca parar.
A veces te quiero, otras te odio.
A veces te mando a la mierda porque me hace demasiado mal pero a veces te necesito más cerca que nunca.
A veces sos hielo, otras sos fuego pero siempre me quemas.
Y es así: quedándote o yéndote siempre es igual. Dependo de vos para darle a esta historia un final.

domingo, 19 de marzo de 2017

Raro

Pienso en vos pero no sé que escribirte. Es más o menos como nuestra relación (si es que acaso así se puede denominar: relación).
Cabe destacar que es una palabra muy ambigua y vaga. "Nosotros", si es que existe un nosotros, no somos nada. Simples seres humanos con algo en común: nos besamos (y más de una vez, y más de una vez con copas demás cuando juramos nunca más).
No creí que me iba a encontrar en esta situación de pensar en vos casi todos los días, y me cuestiono si ¿lo hago por qué me aburro y tu recuerdo viene a mi o por qué hay algo que me ata a vos?
Quizás debería decirte lo que no debería, lo que tengo guardado en una caja en el fondo de mi, pero no lo hago, porque si lo digo estaría dándote a entender que realmente me afecta lo que haces.
Pero, ¿qué haces?
Tal vez sos simple y yo imagino las vueltas que das
o tal vez no estas muy decidido y por eso a veces me visitas.
¿Me usas para darte cuenta a donde no querés volver cuando recaes?
¿o soy quién te hace darte cuenta que te conviene y que no?
Soy ese medio por el cual reaccionas y decidís lo que decidiste desde cuando nos peleamos por primera vez. Yo te pregunté (más de una vez) si te afecto y lo negaste, pero yo no me hubiese enojado tanto si no me importará.
Puede ser que tenga ganas de escribir sobre vos porque me importas pero no encuentro nunca las palabras, ¿acaso eso será una señal que no me importas tanto?
Es difícil tomar mi propia decisión sobre lo que quiero cuando viajas en el tiempo jugando con el pasado y el futuro. Y no. No es que mi vida gire entorno a vos sino que más bien, quiero aclarar mi opinión sobre vos. Sobre que quiero. Sobre que pienso. Sobre que me haces sentir.
Sos un intermitente. No te vas, no te quedas o te vas por un tiempo y volves abruptamente, y sinceramente, estoy cansada de jugar a quemarme la cabeza y seguir tus pistas.
Debo darte demasiada importancia y demasiado espacio porque en el fondo me gusta. Me gustas, aunque no tengo sentimientos. Simplemente me gusta admirarte.
Es todo tan raro, casi como vos.
Es raro, casi como yo.
Es raro, casi casi como vos y yo juntos sobrellevando las cosas como dos personas adultas.
Es raro, como yo enamorándome de alguien que no sos vos.
Es raro, como vos con ella pensando en mí.

martes, 14 de marzo de 2017

como el tiempo, cambias.

Recorrí las calles y ya no era la misma.
Algo me faltaba.
¿Pero qué?
Algo me sobraba.
¿Pero qué?
Vi mi reflejo en una vidriera.
¿Esa era yo?
No podía reconocerme.
¿Esa fui yo?
¿Esa soy yo?
Comprendí que hay un punto de partida y siempre, por más que no quiera, un punto final.
Entendí que jamás tuvo un fin lo que no tuvo principio y que es fácil decirlo.
Cambié.
Lo sé.
Me cambiaste.
Y sin querer, aunque no me guste, termino hablando de vos.
¿Por qué quiero o por qué sigo atada a lo que vivimos?
¿Por qué quiero o por qué puedo?
¿Por qué no puedo o por qué no quiero?
Siempre tengo las preguntas. Nunca las respuestas.
A veces varían ambas. A veces no.
Todo es tan confuso pero hay algo que se con certeza.
Yo cambié.
Y no pienso regresar a lo que fui.
O quizás si, si no volves más.
O quizás si, si volves una vez más.



Si tu llueves, yo ardo.

viernes, 3 de marzo de 2017

de guardia (muerta en vida)

CAP I

Él me daba la mano y yo era vida. No entendía muy bien por qué no me quería en su infinito. Quizás por mis escenas repletas de drama; mis ideas descabelladas; mis planteos poco cuerdos y fuera de lugar.

CAP II

Todas las noches me acostaba, miraba el maldito y húmedo techo blanco de mi habitación, y recordaba mis errores pero también los suyos. Como cuando me mintió sobre ella. Cuando me dijo que todo iba a estar bien. Cuando jamás me dijo te quiero. Él tenía razón. No me daba esperanzas. O si. No me daba esperanzas de quedarse conmigo estando yo viva. Mi corazón fue el se apresuró

CAP III

Recién había lavado las sábanas que manchó con mi sangre cuando me asesinó. Tantas veces. Tantas veces lo hice. Tantas veces lo deje volver hacerlo. Siempre las lavaba y lo invitaba a volver a dormir conmigo sabiendo que cuando menos lo esperara; cuando más confianza en él haya depositado; me iba a clavar el puñal. Su perverso juego solo tenía un ganador, (ya sabemos quien es) pero me daba una sonrisa y yo era suya. Otra vez.

CAP IV

Lloraba todas las noches. Todas las mañanas. En el colectivo. No lograba hacer otra cosa. Era inútil. Me sentaba a esperarlo. Jugaba con mi mente adivinando cuando se iba a aparecer por mi puerta. Estaba encerrada en mi mundo. Su mundo. Suspiraba por los callejones. Recorría las calles de su barrio esperando, queriéndolo volver a ver o tratando de verme a mi; buscarme donde me perdí. Intentaba alejarme pero volvía. Siempre volvía.

CAP V

Era como una adicción, como cuando te compras una bolsa de caramelos sabiendo que te sacan caries. Te decís a vos mismo que no la vas a comer toda hoy y lo terminas haciendo; porque te gusta aunque te haga mal.

CAP VI

Había algo que me tenía atada. No sé si era amor, costumbre, lástima. Tal vez yo creía en las causas perdidas y suponía que lo podía salvar pero jamás me di cuenta que salvandolo a él, me hundía a mi. Perdía mi esencia. Perdía mi sensibilidad. Perdía mi cordura.

CAP VII

Tuve que hacer lo que nunca quise. Por más que me dolió en el alma. Por más que me sigue doliendo. Por más que me arrepentí.

CAP VIII

Lo maté.

CAP IX

Esa noche yo le clave el puñal. Se que no lo hirió porque él es más fuerte que yo, pero lo maté. Y me fui. Deje la escena del crimen como él siempre dejaba la de mi muerte. No limpie nada. Yo era quien se encargaba de juntar sus platos rotos, ahora le tocaba a él. Me rompía, yo me rearmaba. Me fui queriendo no regresar ni mirar hacia atrás nunca más. Me lo juré ya que ahí no vivo. Ese ya no es más mi lugar en el mundo.

CAP X

Su risa no es mía. Sus labios no me besan solo a mi. Su corazón no siente ni se acelera conmigo. A la única persona que ama es a él, y yo, yo quise probar que tanto me quiero a mi.

CAP XI

Esa noche volví a acostarme y volvía a mirar mi hermoso, puro, libre techo blanco. Me di cuenta que cada vez que él volvía a asesinarme la herida era cada vez más profunda, y mi amor era cada vez más vacío. La lavaba con sal y eso me dolía más. La infectaba. Era como echarle limón. Estuve a punto de desangrarme pero me cocía. De esa forma él podía cortar los puntos, pero esa vez use una curita.

CAP XII

Fui al médico. Llevé mi pecho. Mi cuerpo cansado. Mis manos que temblaban. Sin mi corazón. Ese lo deje en su mano derecha.

CAP XII

Pasaron los años. Un día de invierno me miré al espejo. Vi que donde estaba tu herida había una cicatriz. Enorme.
Lo que no entendí es porque parecía producida por una mano zurda. La forma. Él era diestro pero yo era zurda.