CAP I
Él me daba la mano y yo era vida. No entendía muy bien por qué no me quería en su infinito. Quizás por mis escenas repletas de drama; mis ideas descabelladas; mis planteos poco cuerdos y fuera de lugar.
CAP II
Todas las noches me acostaba, miraba el maldito y húmedo techo blanco de mi habitación, y recordaba mis errores pero también los suyos. Como cuando me mintió sobre ella. Cuando me dijo que todo iba a estar bien. Cuando jamás me dijo te quiero. Él tenía razón. No me daba esperanzas. O si. No me daba esperanzas de quedarse conmigo estando yo viva. Mi corazón fue el se apresuró
CAP III
Recién había lavado las sábanas que manchó con mi sangre cuando me asesinó. Tantas veces. Tantas veces lo hice. Tantas veces lo deje volver hacerlo. Siempre las lavaba y lo invitaba a volver a dormir conmigo sabiendo que cuando menos lo esperara; cuando más confianza en él haya depositado; me iba a clavar el puñal. Su perverso juego solo tenía un ganador, (ya sabemos quien es) pero me daba una sonrisa y yo era suya. Otra vez.
CAP IV
Lloraba todas las noches. Todas las mañanas. En el colectivo. No lograba hacer otra cosa. Era inútil. Me sentaba a esperarlo. Jugaba con mi mente adivinando cuando se iba a aparecer por mi puerta. Estaba encerrada en mi mundo. Su mundo. Suspiraba por los callejones. Recorría las calles de su barrio esperando, queriéndolo volver a ver o tratando de verme a mi; buscarme donde me perdí. Intentaba alejarme pero volvía. Siempre volvía.
CAP V
Era como una adicción, como cuando te compras una bolsa de caramelos sabiendo que te sacan caries. Te decís a vos mismo que no la vas a comer toda hoy y lo terminas haciendo; porque te gusta aunque te haga mal.
CAP VI
Había algo que me tenía atada. No sé si era amor, costumbre, lástima. Tal vez yo creía en las causas perdidas y suponía que lo podía salvar pero jamás me di cuenta que salvandolo a él, me hundía a mi. Perdía mi esencia. Perdía mi sensibilidad. Perdía mi cordura.
CAP VII
Tuve que hacer lo que nunca quise. Por más que me dolió en el alma. Por más que me sigue doliendo. Por más que me arrepentí.
CAP VIII
Lo maté.
CAP IX
Esa noche yo le clave el puñal. Se que no lo hirió porque él es más fuerte que yo, pero lo maté. Y me fui. Deje la escena del crimen como él siempre dejaba la de mi muerte. No limpie nada. Yo era quien se encargaba de juntar sus platos rotos, ahora le tocaba a él. Me rompía, yo me rearmaba. Me fui queriendo no regresar ni mirar hacia atrás nunca más. Me lo juré ya que ahí no vivo. Ese ya no es más mi lugar en el mundo.
CAP X
Su risa no es mía. Sus labios no me besan solo a mi. Su corazón no siente ni se acelera conmigo. A la única persona que ama es a él, y yo, yo quise probar que tanto me quiero a mi.
CAP XI
Esa noche volví a acostarme y volvía a mirar mi hermoso, puro, libre techo blanco. Me di cuenta que cada vez que él volvía a asesinarme la herida era cada vez más profunda, y mi amor era cada vez más vacío. La lavaba con sal y eso me dolía más. La infectaba. Era como echarle limón. Estuve a punto de desangrarme pero me cocía. De esa forma él podía cortar los puntos, pero esa vez use una curita.
CAP XII
Fui al médico. Llevé mi pecho. Mi cuerpo cansado. Mis manos que temblaban. Sin mi corazón. Ese lo deje en su mano derecha.
CAP XII
Pasaron los años. Un día de invierno me miré al espejo. Vi que donde estaba tu herida había una cicatriz. Enorme.
Lo que no entendí es porque parecía producida por una mano zurda. La forma. Él era diestro pero yo era zurda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario