domingo, 26 de enero de 2020

Adiós a tu nombre

Hoy me di cuenta que mi mente no te piensa si mi boca no te nombra.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es olvidable para mi.
¿Quién sos?, me preguntó mientras recuerdo el pasado. Caen lágrimas, si, pero de vez en cuando aunque no, no te nombro.
Empapada de momentos y también mis ojos, pero no, no te nombro.
Y como no repito las sílabas que conforman aquel hombre que un día amé tanto, tanto hasta el abismo, tanto hasta perderme a mi misma, no te siento.
No te pienso, no te espero, no te escucho, no te nombro.
Quizás en lo más profundo de mi soledad, cuando el frío quema, cuando el viento seca, viene a mi memoria tu nombre.
Solamente cuando no me encuentro, cuando miro para atrás, cuando mi atención no está depositada en algo más, es cuando te nombro, efímera o eternamente, te nombro.
Tarde o temprano nuestra historia terminaría, ¿quién sabe si nuestros destinos seguirán? pero siento desde lo más oscuro de mi alma, pálpito con cada una de las fibras que componen mi cuerpo, que lo nuestro, lo que era nuestro o lo que quedó de lo nuestro termino.
Duele decirlo, una presión se apodera de mi pecho escribirlo y mis nubes llueven de tristeza, se que pese a eso, es sano plasmarlo.
No fue como queríamos, o si;
no fue lo que esperábamos o si;
pero aquella aventura que comenzó una noche de abril concluyó una noche de enero, de todas formas sabemos que no fue así.
Llegaste en otoño y te fuiste en verano, me abrigaste el mundo y me apagaste el ventilador, igualmente agradezco, en el frío es más difícil querer.
Las despedidas siempre dejan sabores amargos y por eso mismo ya no puedo decir tu nombre.
Hoy me di cuenta como son las cosas, no puedo encadenar un ave que ha decidido ser libre ya que seria matarla en vida, y no te quiero sin luz, te quiero estrellado.
Hoy me di cuenta que mi mente no te piensa si mi boca no te nombra.
Aquel nombre, de tan solo siete letras, es lejano para mi.

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