Su amor quemaba muy, pero muy dentro. Era como un fuego indomable, que no podía apagar de ninguna manera por más que lo intentara.
Me dolía y me ardía cada vez más pero me gustaba.
Me gustaba y no estaba dentro de mis planes querer extinguirlo pese a saber que debía hacerlo.
Día tras día la llamarada se tornaba intensa, y cuando se tornaba más y más intensa era cuando yo más y más lo amaba.
Era tóxico. Si.
Nocivo.
Destrozador.
Avasallante.
Efusivo.
Delirante.
Pero era cálido, y humano, y era él.
Su potencia me hacía sentir que en mi vida no iba a volver a experimentar esta sensación, de tener todo y nada a la vez, de que no iba a haber otro igual y que su amor era mágico.
Supongo que me gusta incendiarme.
Supongo que aún me gusta.
Supongo que jamás domare este fuego irresistible que me hace un adicta.
Supongo que no me apartaré de él, es la primera vez que mis sentimientos son reales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario