Te dejé entrar en mí el día que me miraste a los ojos y descubrí, sin querer, que tenes una coraza de hielo, un escudo de hierro que no permite ver tu interior. A nadie. No dejas que nadie te conozca pero esa noche del mes de diciembre, cuando te vi caminando de mi mano y me miraste, entendí que había roto esa fortaleza. Que vos ya no eras más intimo, eras mio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario