lunes, 23 de febrero de 2015

mi último golpe y mi último amor

Era una noche de esas que salís sin rumbo fijo, que salís por salir, sin planes, sin nadie, sin encuentros y sin esperar nada; y esas noches son en las cuales ocurre todo.
Cruzando el puente rogué no encontrarlo, no verlo, no sentirlo, en realidad, había visto una camioneta similar a la suya. Por dentro no quería porque sabía que iba a ser un problema, pero por otro lado quería ver su reacción. Si tuviera que definir en porcentajes: 80% no cruzarlo, 20% cruzarlo. 
Y sucedió. Lo vi. Vi a su amigo y automáticamente me di vuelta. No quería ni verlo. Quizás me vio...quizás no, pero en ese momento supe que debía ignorarlo. Seguramente me vio, lo que lo llevó a la acción, a la postura que tomó cuando lo volví a cruzar. En realidad, yo no lo crucé, el me cruzó. Yo venía en mi mundo de Malena, en mi mundo fantástico de la pelotudez, sin observar nada. Yo no lo vi, pero él me vio. Quizás siempre me veía y yo no lo sabía, quizás yo lo buscaba en el fondo y no me di cuenta que estaba al lado mio. Y lo sentí. Coloco su pie justo en el momento exacto que pasaba yo. Mis planes no eran cruzarlo, ni saludarlo, ni abrazarlo. Entonces giré, sin saber que era él, giré decidida a insultar a la persona que me había "puesto la traba" y cuando vi que era él, casi vomito. ¿Cuál era la necesidad de hacer eso? Fue como un "estoy acá" y sinceramente, ya me da igual que estes acá, allá o en donde sea que estes.
Fue algo totalmente infantil, de una persona totalmente idiota, no existe necesidad. Mi frase es "educación antes que orgullo" y como fue una acción "simpática", si se puede llamar así (o una acción de un cobarde) decidí saludarlo. Primero giré varias veces la cabeza para mirarlo bien, no podía creer que era él. Sabía que lo había ignorado la vez anterior y ahora quería que sepa que estaba ahí. Me acerqué, sonriendo falsamente, agarrándolo del brazo y le dije "¿cómo andas?". Todo muy falso, pensé que eso quería él. Pero me ignoró, sonrió con esa sonrisa cómplice que teníamos. La vez anterior que nos habíamos cruzado en un boliche, yo lo saludé y él me sonrió igual, y terminamos juntos. Era enfermizo. Yo no quería ser más parte de su juego. Él me veía y parecía que cambiaba de sentimientos, de pensamientos, cambiaba su opinión para mí, y eso me parecía una estrategia. Yo conocía sus trucos pero aún así, no puedo descifrar si es un truco o qué. ¿Me extraña? ¿Qué quiere?
Fantaseé con que me hable y poder decirle que es un caradura, pero no lo hizo. Simplemente recibí mucho esperando poco, y no recibí nada cuando esperé mucho, esperé algo.
¿Por qué no me saludó? Pero que pavada, creo que le gusta ser protagonista y yo ya no quiero ningún papel en su historia.
Estaba bien, ya estaba encaminando mi vida a lo sano. Y pum, apareció. Siempre aparece en los momentos menos ideales. Ahora muero de ganas de que me hablé, de resolver este puzzle que creo en mi mente. Él es un rompecabezas que rompe mi cabeza, literal. No puedo unir sus piezas y eso me rompe la cabeza. Es que ni sé si hay piezas. Ni se si él existe. Ni mi corazón ni mi cabeza lo necesitan o extrañan pero él quiere que si, quiere que siga al pie del cañón pero yo ya no.
Hice un gesto que significa "máh si, cagate" y creo que lo vio. Ojalá si. Y que se de cuenta, que no siempre todo es como él quisiera.
Esto me va a durar días, averiguar qué quiso expresar, qué quiso simular. Dentro de poco vuelve la calma, la paz a mi cabeza, que no para de dolerme. Quizás debería dejar de pensar y seguir.
La traba que me metió, no solamente fue a mi cuerpo, sino que a mi persona, a mi cabeza. Ojalá nunca más encuentre otra traba. (Risas)

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