Todas las tardes la marea sube y se lleva sin querer todos los elementos que habitaron ese día a la playa.
Por las noches no deja nada. La deja vacía. Desnuda. Sola y sin recuerdos. Le borra lo que alguna vez tuvo una y otra vez.
La deja pero al otro día la vuelve a buscar.
En mi playa vos eras mi marea. Te ibas y venías a mí de manera cotidiana, una rutina, tu ritual.
Pero un día yo ya no quise que seas mi marea porque vos nunca quisiste ser algo más.
Te transformé en un caracol que habitó mi playa.
Te dejé.
Te olvidé.
Pero no recordé que la marea, a veces, sin querer te trae de vuelta a mi playa, poblando mi mente de vos.
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Quiero que la espuma del mar inunde mis sentidos.
Quiero dejar de oír el ruido que producen las olas cuando rompen en la orilla.
Quiero dejar de pisar la arena y dejar mis huellas.
Quiero que el agua del mar moje cada una de las partes de mi cuerpo.
Quiero dejar de sentir el viento en mi cara.
Quiero dejar de visitar tu playa.
Quiero olvidar que alguna vez ahí, en el lugar donde el sol se pierde en el horizonte, te amé.
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