que no pude odiarlo
ni hasta en el final,
porque no sólo me rompió el corazón
de la peor forma
en que se puede herir a una persona,
sino que también me recordó,
en mi mayor momento de debilidad,
que no debía estar rogándole
porque yo merecía que me traten bien,
que me traten mejor,
pues lo valgo,
no me merecía a alguien como él,
que me haya destratado.
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