martes, 20 de febrero de 2024

Algunas tienen la suerte, otras la esperanza y yo, yo no nací para ser amada

Siempre creí que no había nacido para ser amada. He amado, incontables veces. Me he obsesionado, he querido, he odiado, he deseado, pero no he sido amada. 

He experimentado la sensación de tocar el cielo con las manos y haber descendido al mismísimo infierno a la vez. Me he quemado con el fuego, ardiendo de desolación. He sufrido, he sentido, he mentido, he confiado, he creído. 

Siempre he amado, hasta el hartazgo, hasta sentir el dolor en los huesos, hasta desvanecerme poco a poco, consumiéndome hasta quedar en la nada. Se han calado en lo más profundo de mi ser y me han destruido, pisoteado, aplastado, arruinado. He perdido mi esencia, pero siempre, siempre, siempre, la he recuperado.

No nací para ser amada, porque soy yo la que amo. El amor no me necesita, pero yo a él sí. El amor me esquiva, me recuerda todos los días que las relaciones que tiene para ofrecerme son vacías. No hay caricias, no hay entrega. No hay compromiso, no hay espera.

El amor no me llama ni me visita. El amor no se desliza por mi piel como si fuese una gota de agua fría. El amor no corre por mis venas, porque están secas, rotas, deshechas. La pasión murió, en mí, en mi cuerpo, en mi alma, en mi corazón.

El amor, ¿qué es el amor? 

Mi concepto errado e irreal de amor. Una utopía. Una ilusión. Aquella nube que tanto deseo alcanzar, pero que nunca puedo tocar. El sentimiento de querer tenerte para toda la eternidad, compartir la vida juntos, acompañarnos al andar.

Siempre supe que no nací para ser amada. Algunas tienen la suerte, otras tenemos la esperanza. He amado, amo y amaré incontables veces. Me obsesioné, quise, odié, deseé y lo intenté. Me tropecé, me levanté y otra vez amé. Pero no, no nací para ser amada. Nací para ser el proceso, el punto de partida, pero nunca el de llegada. No nací para ser recordada, nací para ser olvidada. Nací para ser el souvenir que queda inmóvil en la repisa de los recuerdos, la media más deteriorada y vieja que se perdió en el cajón más inútil del ropero. Nací para ser aquello que descubrís que no queres, aquello que descubrís que queres.

Y es que yo no nací para ser amada, simplemente nací para ser aquella que ama.

No hay comentarios:

Publicar un comentario