Entregarme a lo mundano cuando me sostienes de la mano, contemplando la partida de lo divino, mientras enfrento mi nuevo destino: la vida simple, las caricias vacías, la rutina que agobia, las palabras desmedidas.
El dolor en los huesos. Las rosas con espinas. El frío que quema. El amor que perdona, todavía.
Las risas impostoras. Las mentiras excesivas. El temor a enfrentarse a lo desconocido. El latente fracaso y el inevitable olvido.
Entregarme a lo humano cuando caigo por el precipicio, contemplando la partida de lo irreal, mientras dejo de ser tuya, volviendo a lo mío.
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