Es que lo entendí.
Él jamás jugo conmigo. Él jamás propuso nada. Él me conoció porque tenía que hacerlo y ya.
Era nuestro camino. Nos debíamos encontrar.
Algo siempre te enseña la otra persona. Él no era el indicado.
¿Acaso es la persona con la que estoy el indicado?
Nadie lo sabe, ni yo.
Probablemente no.
Casualidad o causalidad. No lo sé. Es así el destino, todos tenemos algo premeditado a lo que estamos destinados.
A veces esquivamos la suerte y cambiamos el rumbo pero ¿y eso también debía pasar? Tarde o temprano todo sucede.
Él no venía a quererme.
Él nunca tuvo esa intención.
Su destino no era ese, supongo que no sabré cuál era.
Yo arme una historia para sentirme salvada, para mentirme a mi misma, para crear el drama que le daba una pizca de sentido a las cosas. Para justificar mis decisiones.
Yo sacaba conjeturas jugando al detective. Yo quería indagar en su pasado, yo quería ser algo para él cuando en realidad no lo quería y él tampoco quería ser algo para mi.
No sé de cuál de todos mis eternos amores hablo porque quizás aplica para todos.
Tal vez cada uno de ellos mejoró o empeoró cualidades o defectos mios.
Tal vez todos me preparan en mi camino para encontrar al verdadero y definitivo él...
o puede ser que sea uno de ellos y ya lo encontré y no me di cuenta...
o ya lo encontré y no es el momento.
Pero ninguno de ellos es mi héroe, mi príncipe azul.
Todos y cada uno de ellos independientemente me lo dieron a entender, indirectamente me lo demostraron.
Todos me advirtieron que debería dejar de buscar a aquel hombre que va a cambiar la historia de mi vida, que deje de seguir rastreando porque hace mucho tiempo encontré a esa persona.
La veo cada vez que me miro en el espejo porque esa persona soy YO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario