Quería que sepas que desde me dejaste (bueno nunca me dejaste porque nunca fuimos nada así que si no hay un comienzo no hay un final), desde que decidiste (aclaro que vos, no yo, yo no quería eso) que dejemos de hablar por mi bien, porque yo no estaba en tu misma frecuencia (disculpame pero jamás te pedí que tomes las decisiones por mi, quién sos? mi papá?) y porque yo era muy especial (me llamaste bardera y me acusaste que me este gustando todo esto que pasaba cuando vos muy bien sabías que lo pudimos haber evitado y quizás, hoy nuestra historia sería otra pero como dije, nosotros no teníamos historia) quiero que sepas que ya no le tengo miedo a la oscuridad.
Puedo caminar tranquilamente por la casa con la luz apagada que no me voy a asustar, ni tampoco me da miedo la hora del diablo ni nada, porque solamente pienso en vos. Si, pero no te extraño de forma amorosa (no es que sin vos me muero y no puedo respirar, me falta el aire si no estas). Yo te quería, de una forma muy linda de la cual vos no entendías porque no conocías. Y seguramente, me querías como yo a vos, de esa forma, pero no lo sabías.
Y que ayer, cuando de manera irónica y sobrandome me preguntaste si te quería decir algo más, si te quería decir algo más pero no me atreví, porque conocía la respuesta.
Solamente eso (y mil cosas más), pero si la vida nos unió, para algo fue, por eso confió en volverte a cruzar en algún lugar del tiempo.
PD: Te odio, sos un hijo de puta. Maldigo el día en que te crucé con tu fea chombita verde y me lamento haberte regalado noches de copas.
También desprecio con mi vida esa canción de mierda que me dedicaste, porque la vivo escuchando y cada frase acompañada de esa melodía me invade la cabeza de recuerdos de vos, de recuerdos (si los puedo llamar así) nuestros.
...hasta que tu locura me comenzaba a destruir.
Me comenzaba a destruir.
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