lunes, 1 de diciembre de 2014

puntos y comas

Y un día, como antes, volví a poner los puntos yo. Tomé las riendas de la relación, (y con ayuda de mamá) y le dije de ser amigos. Él espera, que como siempre, caiga muerta a sus pies. Cuando le dije que eramos muy diferentes y que no podíamos estar juntos me dijo "por qué no?" y ahí, sentí, que todavía sigue en mis manos.
Yo repartí el mazo, yo fui la que elegí que ser. Me arrepiento, obvio, porque si fuera por mi, le diría de empezar de nuevo, otra vez, sin errores, entregarnos al amor que nos tenemos. Pero no. Quise ponerle un punto a lo que sigue sin cerrarse. Pero no puedo. Mientras él viva, yo vivo. Mientras él demuestre un mínimo gesto de interés hacia mi persona lo voy a seguir queriendo como la primera vez. Porque pese a todo es él. Hace más de medio año que sigo esperando con su regreso y lo estoy dejando irse de mis brazos. Lo quiero dejar ir porque se que somos los opuestos, somos muy distintos y solo sabemos herirnos. Además él no tiene tiempo para mí. Él es él y yo soy una más. O no. O quizás soy ella pero no lo sé. Si no es amor, ¿qué es?
Lo extraño, si, pero separados es mejor. Estoy sufriendo, como las mejores pero no sé. El tiempo dirá. Hay tanto tiempo para pensar y decidir. Pero lo que sé es que esta vez esta acá, para boludearme o para quedarse, lo que sé es que tengo que descifrarlo ya.
Hay que empezar a dejar de poner comas y hay que sacarle dos puntos a los tres puntos suspensivos.

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