-a quién no conozco, pero intuyo-
en este preciso momento
se encuentre acostada en una cama mientras es rodeada por sus largos
y tatuados brazos,
y puede que él le haya hecho
un chiste de esos que me hacía
o puede que él le esté describiendo con lujo detalle el gol que hizo a la tarde
en el entrenamiento de hoy.
Y seguro que ella se río,
y no porque el chiste sea bueno
-porque él no es gracioso de risa-
o porque la historia es divertida,
-porque él no es un gran comunicador-,
sino que ella se río porque vino de su boca, que es custodiada por esos grandes labios que todavía guardan ese sabor a mí.
Mientras que ella descansa en su pecho, yo, en un universo oscuro y lejano,
estoy por irme a dormir mientras pienso
en cómo fue que de un día para el otro todo cambió tanto.
También pienso en como él la está acariciando mientras miran la televisión y cada dos por tres voltea la cabeza para ver si ella está sintiendo lo mismo.
Aunque lo peor de todo es que ella no sabe que ese lugar en realidad no es de ella,
porque ella sabe de mi existencia,
y yo todavía no tengo la certeza de la de ella,
entonces no sé bien cuál de las dos es la ocupa, si yo o si ella.
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